Libertad o compromiso?

Articulo propio publicado en La Prensa Literaria.

Por Mick Sarria*

El arte teatral no es vocero ni emisario de ninguna tendencia política ni ideológica, eso sería reducirlo a un rol de simple lente de aumento de palabras e ideas. El arte teatral no es vocero de mensajes evangelizadores, va más allá de lo evidente y lo aparente, muestra, no necesariamente demuestra, aprende de las ocultas contradicciones y conflictos de la sociedad.

Pero hay quienes hacen de este arte jarabes dramáticos, pomadas teatrales. Hacen un teatro precocinado, sopa Maruchan de actuación, que ofrecen a los mejores mercados. Después sólo le ponen la marca registrada: esta obra es sobre la violencia familiar y esta otra, el tema es el sida.

Hay actores que se los comió el personaje, se los tragó, se los chupó. En lugar de que el actor se meta debajo de la piel del personaje, el personaje se les metió no sólo debajo de la piel, sino hasta la propia médula del hueso. Llámese eternamente Peladilla o cándida Dorita. En qué calles se abandonaron los ideales, en qué basureros se perdieron los sueños.

Es que los teatristas, como dirían unos; o teatreros, como dirían otros, nos hemos encerrado en nuestra propias fortalezas, donde pensamos que el teatro es la alquimia de convertir el hierro en oro. Encerrados en la fortaleza de nuestro yo, como sonatinas esperando un príncipe azul… mientras el arte dramático: ¡bien, gracias!

Existen grupos, pero no movimiento teatral; porque un movimiento teatral es un conjunto de grupos que desde la diversidad escénica, que desde diferentes ángulos propone, sustenta, inventa, crea el artificio, sigue por diferentes caminos hacia una misma meta: la de sustentar un teatro nacional, con temas y estéticas propias.

Debemos de poner el dedo en la llaga; hacer un alto; reunirnos y unirnos. Buscar, pensar, meditar en lo que estamos haciendo, en lo que podemos ser y hacer. Por que sé que hay riqueza en cada artista de teatro, riqueza que se manifiesta en el acto de crear, de imaginar, de soñar. Un llamado a fortalecer nuestro teatro, a construirlo a diario, desde la actuación, desde los personajes, desde la realidad escénica, hacia un público que espera todo de nosotros, un público para el que trabajamos y es nuestro ideal de ser.

Porque el teatro en la construcción de libertades, aprende de la subjetividad y la inteligencia colectiva, no solamente del intelectualismo personal. El arte teatral descubre los movimientos que contienen en sí mismo. Cuenta la historia mostrándola con su propia interpretación, a través de la imagen corporal y de lo emocional. Cuerpo y emoción son íntimas aliadas del arte teatral. Busca siempre la construcción de cuanta verdad hay en la realidad y en arte mismo de interpretar, cuya verdad el director la vuelve suya; una verdad que del actor se desplaza al espectador. ¡Una verdad que nos lleva a la libertad!

*Mick Sarria es un joven director nicaragüense, actor y fundador del grupo MOLA de la ciudad de Matagalpa. Su más reciente montaje es Muerte Arriba, y en su destacada labor como actor y director ha realizado presentaciones y talleres en diferentes países europeos y latinoamericanos.

Cortesia La Prensa Literaria: http://espejo.laprensa.com.ni/archivo/2009/mayo/16/suplementos/prensaliteraria/teatro/teatro-20090515-1.shtml

Foto: Mick Sarria

This entry was posted in Press // Prensa. Bookmark the permalink.

Comments are closed.