A propósito del arte por el arte

Queridos lectores,
El pasado 10 de septiembre experimentamos que hay Prensa de verdad, y prensa de mentira. Quizá sea que hayan quitado el suplemento La Literaria en su versión completa los sábados, quizá sea simplemente mala re-redacción – pero el artículo que salió el pasado 10 de septiembre no representa de forma alguna el articulo que escribimos. En vez de ser la crítica bien argumentada y válida que escribimos despues de haber leido un artículo corto hace algo más de un mes de un colega teatrista, decidimos entrar en un debate necesario sobre para que sirve el arte (del teatro) y para que sirve la educación. Sin embargo, cortando frases y párafos completos parecemos unos chiwines buscando discusiones tontas con artistas respetadas de nuestro oficio – cosa que no pretendemos de forma alguna. Es un irrespeto hacia la crítica que estabamos explorando. Por ende aquí colgamos el artículo en su versión completa e invitamos a nuestros colegas y amigos entrar en debate con nosotros! Abrazo!
LLECA

A propósito del arte por el arte.

Por Mick Sarria.

“El problema de la esclavitud intentamos resolverlo divirtiendo a los esclavos” OSCAR WILDE

Cuando se presentó en una cárcel de Estados Unidos la obra Esperando a Godot de Samuel Beckett para los internos del penal se temía que nadie pudiera entenderla, ya que para los ojos y gustos de intelectuales y críticos de ese momento la obra estaba construida con elementos fuera de lo común: absurdos, complicados, geniales, simbólicos, con códigos e imágenes dificiles de descifrar, con ausencia de dirección lógica en la acción y los dialogos. Sin embargo lo genial vino después de la función. Los presos sí habían tenido su lectura, sí pasó un contacto y una confrontación inteligente a niveles inesperados de genialidad cautiva y castigada. También en Suecia Godot tuvo su impacto, un director montó la obra con internos de un penal y el día del estreno, camino al teatro donde se presentaría, el director notó demasiado silencio por parte de los actores. Pues la obra no llegó a estrenarse: camino al teatro los actores decidieron escapar. Al darse cuenta de este suceso Samuel Beckett dijo “esto es lo mejor que le pudo pasar a mi obra.”

Lei el artículo “El Circomunitario”, una entrevista al colega teatrista José Wheelock, donde este habla del teatro para los “sectores vulnerables” y aunque ignoro que hace exactamente, basado en su discurso de teatro “con y para los vulnerables” ha de ser algun estudiante o intelectual de élite, o algun microgrupo con pretenciones de profetas urbanos con un retorcido sentimiento filantrópico e ideas de desarrollo que busca o tiene trabajo en alguna ong. Pues a mi entender el teatro no se deja instrumentalizar para eligir o como dice él ‘educar’ (lo cual yo llamaría mas bien estigmatizar) a los sectores populares. El teatro y sus consecuencias de estilos, formas y conceptos está hecho para la inteligencia humana – inteligencia afectiva, corporal e instintiva – no para el intelectual humano. El teatro no necesita de disfraces ni discursos, no tolera que se le ocupe y justifique para tergiversar la inteligencia humana. Recordemos lo que dijo el maestro Stanislavsky: “toda lesión, toda violación de la vida creadora del teatro es un crimen.” Hacer del teatro una fábrica de panfletos entonces es irrespetar su magia.

Sobre todo creo que el disparate entre nuestras visiones es qué conocimientos se estiman necesarios y esenciales, cómo se obtienen o construyen, y aún más cuál puede ser su producto final. Pues si uno está convencido de que el teatro se hace o deja instrumentalizar para educar, para fomentar la conciencia social, construir conocimientos “concientizando” los sectores mencionados, emancipando sus derechos, “ciudadanizandolos” uno supone de la enseñanza. Entonces el teatro que “sirve” está acompañado por un concepto de educación arcaico y vertical que nos condiciona el conocimiento, que ve el cuerpo del marginado como una entidad potencialmente peligrosa, que ve al hombre como un animal que hay que domesticar y por ende problematiza y patologiza la naturaleza misma del ser humano, culminando en una relación inventada de sabios y brutos de cárceles y manicómios que mata toda curiosidad y necesidad de aprender.

El teatro por el teatro, o arte por el arte, al contrario, parte del aprendizaje y el desarrollo inidvidual del futuro artista. El arte por el arte es un fin en si mismo y no necesita de decoraciones discursivas ya que posee carácter, que recordando a Amitai Etzioni involucra la conducta humana y la inteligencia emocional. Ahora bien si partimos del aprendizaje en vez de la enseñanza, de la inteligencia existente en vez de suponer ignorancia, dejaremos también de patronizar, vulnerabilizar y por ende marginar a los que inefectivamente tratamos de ‘visibilizar’. El subalterno nunca puede tener voz, no es una persona ni un grupo, es el punto ciego que nadie ve, una esencia intangible que se manifiesta justamente en los que los ‘líderes’ no escogen para participar. Entonces el teatro debe conocer su territorio. Cuando se desarrolla un obra con su postura inteligente tiene que tener conciente que va dirigida a enfrentar otra postura inteligente: la del público. Es estupido pretender saber lo que vas a lograr en el público con tu trabajo, a menos que el trabajo contenga la intencionalidad de alienar y conducir la inteligencia del público hacia tu luz. Pues es en la luz donde habitan los peligros del dogma y la verdad. El teatrista no tiene derecho alguno a opacar las capacidades semioticas-imaginativas del público.

Ahora el teatro que no sirve para nada mas que el teatro mismo es conciente del ser esencial y esto lo encuentra en el cuerpo humano, en lo físico y lo emotivo. Por ende es el que derrumba las reglas de la norma, que escucha la voz de Dionisio, el dios sucio careto que no necesita de altares aunque abundan, que permite perdernos en nosotros mismos para confrontar nuestra inteligencia animal, que nos permite redescubrirnos en el exceso y el instinto, y nos libera de nuestros propios egos. Es el teatro que hace y no dice, donde las acciones anteceden a las palabras y tanto el proceso como el producto hacen la totalidad, la enormidad de la obra de arte. Pues llegamos al inicio – puede un supuesto bruto o vulnerable hacer lectura de una obra de arte-por-el-arte? De una historia repleta de metáforas y analogías discursivas escrita en otra época literaria cuando apenas ha logrado leer y escribir? Sí. Hay una sabiduría latente, un potencial artístico y creador que nació del choque entre Kafka y los Dinosaurios, grupo de teatro que fundamos en el sistema penitenciario. La historia de Gregorio convertido en un insecto toca esencias vitales manifestadas en sus historias corporales al que pueden referirse en formas inesperadas disparándose hacia un otro entender de la metáfora, metáfora que solo puede tener lugar en un teatro por el teatro. Renació ante ellos lo que dijo Sartre – “somos lo que somos con lo que han hecho de nosotros” – porque sí entienden que viven en lo que llaman “el cementerio de los vivos,” que la sociedad (o “suciedad”) niega su misma existencia y los denomina en términos derrogativos de “lacra” y “basura”. Se construyen una realidad escénica partiendo de su percivida posición parasitaria y nefasta, de sus cuerpos e historias y de la acción. Con ésta experiencia puedo sugerir que el artista de teatro en este momento, en el contexto de este nuevo milenio, ya no está para ser escuchado con sus discursos y soluciones megalómanas y pretenciosas, sino para escuchar, callarse, y actuar.

Moraleja: creen que el teatro es carne para buitres pero es carne para las mazamorras.

El autor es director artístico de LLECA Teatro.
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