La cárcel: un laboratorio del teatro posthumano

Articulo propio publicado en La Prensa Literaria.

“El silencio es el ruido más fuerte, quizá el más fuerte de todos los ruidos” – Miles Davis.

Por Mick Sarria

El Hombre y los Perros: Violencia y Costumbre

Cuando miré por internet la vulgar noticia de los perros que despedazaban al joven en Costa Rica me provocaron una serie de emociones y conflictos internos: ira, asco, morbo, vergüenza y culpabilidad.

En medio de estos conflictos busqué la serenidad para poder entender lo que estaba sintiendo, y lo que asumo como artista, sin tener que defenderme ante los hechos y dimensionarlo de una manera inteligente. Encontré el secreto que hace parir a nuestra parte más humana: “¡Dejarme de asumir como víctima”. Me encontré con un llamado desde mi yo interior, y claramente me sonó, muy en lo profundo, la palabra “Equilibrio”. Pero ya que es tan abstracta, más bien me exasperó, al igual que la idea de lo bestial que fue la persona que se dispuso a filmar aquellas escenas de terror y hambre animal. Entre el hombre y los perros, entre la violencia que se ha convertido en costumbre, tiene algo el teatro que hacer y decir…

Volvió a sonar la palabra Equilibrio pero esta vez acompañada de mis viejas amigas las lágrimas, que nunca me fallan en momentos como éstos. Momentos de necesidad de purificarme y sacar y poner dónde deben de estar las descargas emocionales. Porque el teatro se nutre de las emociones humanas. En pocas palabras me encontré ante un momento de catarsis provocado por un hecho nacido desde la crueldad humana.

También el teatro trabaja con la crueldad: Medea asesinando a sus hijos , Otelo matando por celos, siendo su máxima expresión el teatro de la crueldad de Artaud, que en las escenas de crímenes pringaba con sangre a los espectadores.

Entonces, ¿qué elementos de analogía podemos encontrar entre los perros rabiosos que devoran a un humano y entre un humano que devora lo humano? Si el ser humano es capaz de devorarse a sí mismo, significa que es un suicida crónico, pero no llega hasta aquí, pues sentencia a formar parte de su tragedia a otras especies que nada tienen que ver con las decisiones que estamos tomando. ¿Cómo el teatro, desde lo gestual, puede ignorar esta mueca en la máscara trágica en el ser humano? El ritual trágico de empeñarse cada día en convertir al planeta en un campo de exterminio y de seguir creyendo en infiernos medievales y samaritanos modernos.

Una acción inteligente es el producto del buen equilibrio entre la razón y la emoción. Encontrar este equilibrio podría parecer muy fácil pero posiblemente sea la actitud más difícil de lograr, que solo se logrará viviéndola como una actitud de necesidad urgente. Solo así podremos cambiar de dirección el rumbo que lleva nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos y el planeta. Y una manera de relación es el diálogo que se establece entre el actor y el espectador; donde el primero hace una escritura escénica, que descodifica de forma personal el espectador.

En nuestra sociedad su sistema de poder está basado en “el abuso y la exclusión”, luego la violencia como síntesis de estos dos elementos que componen este sistema. El abuso y la exclusión no son solo un asunto de lucha de clases, ideológica o económica, es sobre todo un problema de coherencia frente a lo que pensamos, hablamos y hacemos.

Pues es por todos sabido que la violencia no solo es un problema de los ciudadanos que carecen de recursos económicos y que a diario son expuestos a espectáculos vulgares en noticieros nacionales, sino también de aquellos que gozan del más alto status social. Aunque es bueno aclarar que nuestro teatro, se ha apartado de esta temática y se ha acomodado a otros intereses que no tocan lo medular de la problemática social, especialmente de los valores humanos, y que es uno de los objetivos del teatro Posthumano.

Es necesario actuar y reflexionar, especialmente hoy día del teatro, sobre cómo hemos interiorizado la violencia, y por ende, legitimado la exclusión y el abuso que impone el sistema, particularmente lo político-judicial. ¿Cómo encontrar, a través del teatro, los elementos y los mecanismos que fortalezcan nuestra libertad?

Es necesario repensar el papel que juega el artista del teatro frente a este contexto violento, pues no solo se trata de divertir, sino más bien de colaborar en la construcción una conciencia más crítica y un cambio de actitud.

Nuestras obras deben de estimular nuestra sensibilidad y con ello contribuir a un nuevo pensamiento crítico, que reflexione y enrumbe la dirección que debemos tomar como artistas y como sociedad. Es por eso que el teatro posthumano explora otras posibilidades estéticas.

Haciendo Teatro Posthumano con los Condenados

Desde el año pasado hemos iniciado nuestro taller de teatro en la cárcel, y no por lo exótico que podría sonar el hacer teatro con presos, sino más bien porque aquí identificamos una comunidad particularmente condenada y resentida, que nos permitió un laboratorio de teatro posthumano.

En las calles de nuestro mundo urbano, andamos personas que vivimos nuestra vida mucho más prisionera que muchos de los que están en una cárcel convencional.

Si la cárcel es vista como el infierno, la calle podría ser vista como el purgatorio de Dante, como la sala de espera para el juicio final, salvo que en un infierno llamado cárcel ya no hay jueces sociales ni dedos que señalan culpas ajenas; sino una comunidad privados de libertad, que a través de lo gestual y corporal del teatro construye una conciencia emocional y afectiva, en busca del sueño de recobrar valores humanos.

Aquí se tomó muy en serio el valor educativo del teatro, al aplicar el ejercicio de desprender la violencia como un actitud y actividad rectora en la conducta de los presos; y reconstruir una actitud humanística, que les permita tener más conciencia de quiénes para reivindicar un nuevo sentido de ser humano y en sus vidas ser otros.

Estamos volviendo a aprender a gritar, a tocarnos, a mirar, a escuchar, a hablar. Esto no solo como parte del entrenamiento actoral sino también como elementos claves para la construcción del proceso que nos proponemos.

En el taller de teatro Posthumano, se parte de que cada uno de nosotros nos acostumbramos a tener roles de víctimas y victimarios, que ambos roles poseen elementos de poder: con ambos se puede manipular y conseguir lo que uno quiere. Se estudia cada sentimiento que posiblemente poseen la víctima y el victimario, y cuál es la causalidad de su actitud. Al final se tiene conciencia de las emociones, y conocerlas en toda su profundidad emotiva; cuando se ha tenido que llorar se llora, es parte del proceso expresivo y creativo.

En el taller tomamos lo literal, el realismo y la fábula como ejercicios para lograr una interpretación del conflicto hecho metáfora.

Dado el contexto que vivimos, veo necesario esta reflexión alrededor del papel del artista de teatro, frente a la creencia de que el teatro no tiene nada que decir en los tiempos postmodernos, aun cuando existe la amenaza de que hoy el amanecer vuelve a ser una tentación.

Ver en la versión impresa las paginas: 8

Cortesia La Prensa Literaria: http://www.laprensa.com.ni/2010/03/27/suplemento/la-prensa-literaria/1294

Foto: Julienne Weegels

This entry was posted in Press // Prensa. Bookmark the permalink.

Comments are closed.