El Teatro es para Confrontar

Artículo publicada en La Prensa, sección Literaria, el 10 de diciembre del 2014.

Por: Isidro Rodríguez Silva 

Mick Sarria
  • Mick Sarria habla de El mono y su ventana, la próxima obra teatral a escena.

En el escenario de la Casa de Cultura de León, un espacio recién construido, están los actores del Grupo de teatro Lleca, quienes se preparan para el montaje que dirigirá Mick Sarria, una obra de Jorge Eduardo Argüello, El mono y su Ventana, un daguerrotipo escénico a partir de la vida del poeta Alfonso Cortés.

Sarria sigue desempeñándose con un teatro que parte de la violencia, de la corporealidad de los actores y los personajes, y de su memoria corporal. Además de sus talleres en el Sistema Penitenciario de Matagalpa, trabaja con jóvenes en situaciones de violencia en el barrio Jorge Dimitrov en Managua.

Se unen en esta propuesta teatral dos artistas contracorrientes, Jorge Eduardo Argüello y la dramaturgia iconoclasta de Mick Sarria.

Algo que le caracteriza a Sarria es hacer una propuesta escénica no pegada al texto, ¿será así en la puesta en escena de El mono y su ventana?

No pretendo hacer un teatro apegado al texto, es todo lo contrario, hago una puesta en escena a partir de una dramaturgia; una lectura del director de la obra dramática. El escritor tiene para mí un poder de guía espiritual, donde voy leyendo y voy montando la obra en mi mente. No me atrevo a ensayar una escena, sin que esta escena esté realizada y profundizada dentro de mí.

¿Qué es para usted el trabajo de dramaturgia?

La dramaturgia es un ejercicio mental, es como la escuela real del montaje. El problema es cómo hacer un análisis o comentario de una obra teatral, como El m

ono y su ventana , de Jorge Eduardo Argüello. Leer una novela no es igual que leer una obra de teatro. Esto significa que debemos de saber leer una obra de teatro antes de atrevernos a montarlo.

Hay que hacer de la lectura una investigación minuciosa, una lectura personal, para que se convierta en una lectura para y desde la creación. Es por eso que mis actores leen y releen la obra de teatro también, porque cada lectura parte de un objetivo diferente.

La lectura de hoy es para construir la historia del personaje. La lectura de mañana será para ver el uso del espacio y luego la utilización escenográfica. Confío completamente en la estructura mental del montaje.

¿Por qué es confrontativo en sus puestas en escena?, ¿le gusta molestar al público?

El teatro es para confrontar. Confrontarte contra el autor, pero sobre todo confrontarte contra el público. Concibo al teatro no para el público, sino contra el público, porque en fin de cuenta para él lo hago. Hay que confrontarlo desde la crisis misma de la actuación y de la puesta en escena.

¿Busca con la obra de Jorge Eduardo Argüello presentarla para que se desarrolla y se conciba como una cadena de crisis?

Sí, es por eso que El mono y su ventana me invita a llevar desde la dramaturgia una crisis completa y total al público. Voy a ponerte un ejemplo. El lector puede leer que Alfonso Cortés está encadenado, para el lector las cadenas son un instrumento de sufrimiento para el poeta.

En mi lectura y desde la crisis dramática, las cadenas se convierten en una alegoría, en una metáfora teatral, no solo el poeta está encadenado, sino también la sociedad leonesa de la época está encadenada. Encadenada a su mundo provincial e hipócrita. Por eso la dramaturgia es una cadena de crisis, de una crisis iconoclasta, y por qué no agregar mal intencionada.

Siempre ha sido independiente del autor, ¿no le estorba Jorge Eduardo Argüello?

El autor construye desde la palabra su lenguaje dramático y yo, como director, desde su lenguaje construyo la imagen teatral, cuya máxima expresión es la teatralidad, donde se funde el texto escrito con el texto de la representación.

¿Cómo construirá un personaje como poeta Alfonso Cortés?

Es rigurosa la búsqueda de interpretación de este personaje porque no busco el Alfonso Cortés de los años treinta, busco construir un Alfonso Cortés del tercer milenio. Es un personaje confrontativo, pero sobre todo un personaje cuya vida escénica es una vida en crisis. Vuelvo de nuevo a lo de la lectura, y es que el autor me presenta a un poeta leonés, pero que lo miro como un poeta universal y contemporáneo. Cuando hablo de estos dos términos no lo digo desde su poesía, sino desde su personalidad poética, es decir, ¿cuántos Alfonso Cortés hay en el mundo? El gran poeta Pedro Casariego Córdoba se lanzó contra el tren en 1933 y Paul Celan, el más lírico de los poetas de posguerra se lanzó al río Sena, son estos en las distancias del tiempo unos tipos de Alfonso Cortés.

Para mí Alfonso Cortés es el poeta, que lo puedo emparentar, para darte un ejemplo, con el poeta que muere en el cuento de El rey burgués de Darío. Es un personaje consciente de sus alcances, del orden dentro de la locura: la razón sin razón, la locura, lo poético y su violencia dentro de un orden lógico de vida, como el personaje Calígula de Albert Camus, y lo que a mí más me conmueve es que en todo esto el autor no lo pone al poeta como víctima de sus condiciones mentales.

Ver en la versión impresa las páginas: 6 B

 

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